Ya lo tengo claro. Es imposible. Jamás podré sacarte de mi corazón porque ocupas en él un lugar privilegiado. Y me parece que así debe ser luego de tanto amor compartido, de haberte regalado mi alma y mi vida... sé que tú también viviste un tiempo de profundo encuentro conmigo, lo sentí y lo agradesco (y agradeceré por siempre)... pero para poder marcharme - amándote como aún lo hago, con transparencia y totalidad- necesito poder despedirme mirándote a los ojos, porque hay palabras que sólo en ese contexto pueden tener el eco que necesito adquieran... y partirás, y partiré - ¡Te lo juro!- con mucha más tranquilidad a vivir un tiempo nuevo en otros territorios que espero sean muchísimos más placenteros que los días que han precedido a tu partida brutal e indeseada, muy parecidos a los momentos plenos que tu y yo compartimos entre las sábanas, soñando y sonriendo abrazados al calor de nuestros cuerpos. Es necesario que tu puedas elevar tu espíritu y volverte gigante, aunque sea en otros brazos... yo, esté donde esté, rogaré por ti y podrás contar con mi energía siempre... fuistes un ángel que llenó completamente mis días de ternura y sol...
Hoy estoy en penumbras, el frío arrecia en mi interior y mis lágrimas han formado un océano que me ahoga. Pero tu tienes la mágica posibilidad de ser feliz nuevamente... ¡Vuela, Angel Mío!... ¡Vuela!... puedes volver a mí cuando quieras... en eso no te fallaré nunca: cuando me necesites siempre estaré para Tí, te lo debo y no dudes en buscarme... en mí encontrarás SIEMPRE a alguien que te escuchará y apoyará incondicionalmente. Te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario