Hoy estuvo en mi casa - en una visita breve pero muuuuy grata- un chico que encuentro ciertamente muy atractivo, que está "pegado" con la historia y evolución del pensamiento humano; es mi vecino, está terminando sus estudios de Periodismo en la U Superior y vive en un pasaje muy cercano; aunque no sé si en su espíritu o desarrollo mental estará ya la semilla de la liberación en el plano sexual (cuestión que me incita a explorarlo con la mirada cada vez que lo tengo cerca). Un poco más alto que yo - aunque no más grande, como se jactaba Napoleón- tiene cuerpo de hombre y cara de niño tierno, usa una barbita con mucho estilo. Es rico, inteligente, tiene poquito más de 20 años, pero - como no podía ser "perfecto"- también es un muchachito torturado por sus fantasmas (viene saliendo de un alcoholismo más o menos severo y ya no bebe nada desde hace muchos meses). Su visita fue una sorpresa grata para comenzar mi día, aunque era ya hora de almuerzo. Conversamos en el living, divagamos, viajamos en el lenguaje y nos abrazamos en las ideas. Estuvo bien. Él es potente.
Conversamos sobre la dualidad de la razón y el ser, del viaje entre la intelectualidad y el alma, del hombre terreno y del hombre celestial... en fin. Compartimos algo de lectura revisando algunos pasajes de la Biblia que se encuentra sobre la mesa del comedor de mi casa, abierta siempre en el Salmo sobre el enfermo grave; leímos un fragmento de la Carta de San Pablo a los Corintios, del Libro de Exequiel y la descripción del Hijo del hombre hecha por San Juan en el Apocalipsis. Él me aclaró varios datos sobre San Pablo, que era filósofo por ejemplo, un presocrático; también que las ruedas descritas por Exequiel son un "método" según lo planteado por Ortega y Gasset; también reflexionamos un poquito sobre el sentido del vivir y del morir, de la lucha cotidiana, de los parajes internos y externos... no fue mucho rato pero fue intenso. Él es lindo (me gusta su envase - aunque no me atrevo a comentárselo- y también su contenido).
El viernes en la noche me invitaron primero a un restaurant chino - invitación que salió por "accidente"- y luego a un bar que se llama "Barbudo". Estuvo entretenido ese deambular por la ciudad en pleno centro, pues uno de los principales motivos por los que me invitaron al bar ya mencionado fue porque una amiga me quería presentar a un joven profesor de Castellano con mucho estilo, afirmándome que no sólo me iba a caer bien si no que me iba a gustar. Su nombre es Luciano y es gay. Y llegó al lugar. Efectivamente él es todo un "concepto", muy atractivo, con un estilo personal alternativo, de suspensores rojos, delgado, un poquito más alto que yo, gorrito tipo marinero negro y mucho power intelectual. Conversamos, tomamos cerveza, nos reímos, me dio su celular y luego partió del lugar. Yo me quedé ahí pues había llegado hasta mi mesa un joven estudiante de antropología que hace rato sé que también es gay. Con un estilo muy pero muy alternativo (usa una extensión en su oreja izquierda y un arito de coco en la derecha), también delgado y un rostro de niño que observa distante el mundo en el que vive. Se sentó a mi lado. Nos encontramos en el diálogo (ya nos habíamos encontrado en otras circunstancias antes) y comenzamos a "enredarnos" mientras los minutos volaban raudos entre copa y copa. Nos fuimos juntos a terminar la noche en otro lado.
Hay otro muchacho que me llama insistentemente, que me ha dicho directamente que quiere estar conmigo, que le gusto mucho. Es muy decente, trabajador y de estilo muy fashion (trabaja en una multitienda muy chic en el el Portal Plaza Pueblo). Se preocupa por mí, lo ha demostrado.
Pero - pese a todos los macebos que aparecen por ahí y con los cuales se dan juegos de seducción- ninguno ha logrado que el amor por mi Pincipito pase o dismuya. Ninguno. Cuando quedo en "soledad" luego que esos juegos han terminado vuelve su imagen a mi cabeza y explotan las lágrimas por su ausencia. ¡Por la chucha!, ¿porqué no logro superar su partida?... así es este enamoramiento inmenso, que aún no pasa. Son barrotes en mi ventana que no dejan volar mi corazón.
martes, 27 de noviembre de 2007
Chicos que aparecen... deleites del rato... y este amor que no pasa.
Hoy estuvo en mi casa - en una visita breve pero muuuuy grata- un chico que encuentro ciertamente muy atractivo, que está "pegado" con la historia y evolución del pensamiento humano; es mi vecino, está terminando sus estudios de Periodismo en la U Superior y vive en un pasaje muy cercano; aunque no sé si en su espíritu o desarrollo mental estará ya la semilla de la liberación en el plano sexual (cuestión que me incita a explorarlo con la mirada cada vez que lo tengo cerca). Un poco más alto que yo - aunque no más grande, como se jactaba Napoleón- tiene cuerpo de hombre y cara de niño tierno, usa una barbita con mucho estilo. Es rico, inteligente, tiene poquito más de 20 años, pero - como no podía ser "perfecto"- también es un muchachito torturado por sus fantasmas (viene saliendo de un alcoholismo más o menos severo y ya no bebe nada desde hace muchos meses). Su visita fue una sorpresa grata para comenzar mi día, aunque era ya hora de almuerzo. Conversamos en el living, divagamos, viajamos en el lenguaje y nos abrazamos en las ideas. Estuvo bien. Él es potente.
Conversamos sobre la dualidad de la razón y el ser, del viaje entre la intelectualidad y el alma, del hombre terreno y del hombre celestial... en fin. Compartimos algo de lectura revisando algunos pasajes de la Biblia que se encuentra sobre la mesa del comedor de mi casa, abierta siempre en el Salmo sobre el enfermo grave; leímos un fragmento de la Carta de San Pablo a los Corintios, del Libro de Exequiel y la descripción del Hijo del hombre hecha por San Juan en el Apocalipsis. Él me aclaró varios datos sobre San Pablo, que era filósofo por ejemplo, un presocrático; también que las ruedas descritas por Exequiel son un "método" según lo planteado por Ortega y Gasset; también reflexionamos un poquito sobre el sentido del vivir y del morir, de la lucha cotidiana, de los parajes internos y externos... no fue mucho rato pero fue intenso. Él es lindo (me gusta su envase - aunque no me atrevo a comentárselo- y también su contenido).
El viernes en la noche me invitaron primero a un restaurant chino - invitación que salió por "accidente"- y luego a un bar que se llama "Barbudo". Estuvo entretenido ese deambular por la ciudad en pleno centro, pues uno de los principales motivos por los que me invitaron al bar ya mencionado fue porque una amiga me quería presentar a un joven profesor de Castellano con mucho estilo, afirmándome que no sólo me iba a caer bien si no que me iba a gustar. Su nombre es Luciano y es gay. Y llegó al lugar. Efectivamente él es todo un "concepto", muy atractivo, con un estilo personal alternativo, de suspensores rojos, delgado, un poquito más alto que yo, gorrito tipo marinero negro y mucho power intelectual. Conversamos, tomamos cerveza, nos reímos, me dio su celular y luego partió del lugar. Yo me quedé ahí pues había llegado hasta mi mesa un joven estudiante de antropología que hace rato sé que también es gay. Con un estilo muy pero muy alternativo (usa una extensión en su oreja izquierda y un arito de coco en la derecha), también delgado y un rostro de niño que observa distante el mundo en el que vive. Se sentó a mi lado. Nos encontramos en el diálogo (ya nos habíamos encontrado en otras circunstancias antes) y comenzamos a "enredarnos" mientras los minutos volaban raudos entre copa y copa. Nos fuimos juntos a terminar la noche en otro lado.
Hay otro muchacho que me llama insistentemente, que me ha dicho directamente que quiere estar conmigo, que le gusto mucho. Es muy decente, trabajador y de estilo muy fashion (trabaja en una multitienda muy chic en el el Portal Plaza Pueblo). Se preocupa por mí, lo ha demostrado.
Pero - pese a todos los macebos que aparecen por ahí y con los cuales se dan juegos de seducción- ninguno ha logrado que el amor por mi Pincipito pase o dismuya. Ninguno. Cuando quedo en "soledad" luego que esos juegos han terminado vuelve su imagen a mi cabeza y explotan las lágrimas por su ausencia. ¡Por la chucha!, ¿porqué no logro superar su partida?... así es este enamoramiento inmenso, que aún no pasa. Son barrotes en mi ventana que no dejan volar mi corazón.
martes, 20 de noviembre de 2007
Dolor del alma, angustia que mata.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Ángeles en el cosmos...
Sí Principito. Tienes razón. Es sólo la primera batalla. Sigo vivo y el mundo a mi alrededor continúa girando perpetuo. Tu y yo (y muchos otros tan sensibles como nosotros) somos parte una gran zaga. Estamos abriendo la senda por donde ha de transitar la humanidad completa. Ello pese a que estamos rodeados de miradas imbéciles y de espíritus nublados por el egoísmo o la falta de humanidad, de seres que se sienten semidioses y que a menudo cargan con deformidades en el alma. Eso nos hace aún más fuertes y nobles, eso es innegable. Y, aún cuando la ruta parece perdida, la esperanza es la luz que ilumina nuestros pasos. Seguimos adelante. Los sueños no se han destruido. Nuestra unión - que va más allá del placer físico que regala un buen orgasmo- se ha tornado indestructible. Estamos creciendo enormemente en el plano que realmente es trascendente, aquel que nos permite ser eternos y traspasar el tiempo. Nada material, ningún capricho mundano o ironía destructiva puede alcanzarnos o causarnos daño. Nuestra lucha es mucho más sublime. Reconocemos nuestra debilidad, nos conectamos profundamente con el todo disparándonos inevitablemente al infinito.
Recuerdo aquí lo esencial del planteamiento de Erich Fromm en su Arte de Amar: "El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa experiencia central está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor".
La promesa sigue intacta... sigo creyendo. Somos ángeles que desplegamos nuestras alas para surcar el cosmos.
sábado, 10 de noviembre de 2007
Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en cada una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reir!... Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido... Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reir mirando al cielo. Tu les explicarás: "Las estrellas me hacen reir siempre"... Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reir...
El Principito. Capítulo XXVI.
Bueno. Mientras espero, sigo con mis divagaciones. He querido rescatar las palabras de despedida de El Principito de esta tierra (antes de abandonar su cuerpo para viajar hasta su asteroide de regreso) porque es el mejor regalo que se me ocurre que podemos dejar a quienes amamos cuando debamos emprender ese mismo viaje por el infinito cósmico. Yo le regalo esa "multitud de cascabelitos" a todos aquellos que me obsequiaron afecto y me enseñaron a ver las cosas buenas y malas de esta vida... a mi madre, hermano, abuela, algunos otros familiares, más de un maestro, muy poquitos amigos y muchos conocidos que han formado parte de mi ruta... y- muy especialmente- le regalo el cielo a él, que me regaló los años más hermosos que he tenido hasta ahora. Cada vez que vean la luz de las estrellas en el cielo - todas las noches si quieren- yo estaré ahí riendo con ustedes... recuérdenme siempre con cariño y por favor siéntanse alegres de haberme conocido. Se los pido hoy que he perdido la primera batalla.
Leyendo la Epístola I a los Corintios escrita por San Pablo, he podido comprobar que entre sus mensajes establece claramente que "hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres, y uno es el resplandor de los cuerpos celestes y el otro el de los terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, y una estrella se diferencia de otra en el resplandor..." . También sostiene, algunos versículos más adelante, que "Se siembra cuerpo animal y se levanta un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo animal, también lo hay espiritual. Que por eso está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el último Adán, espíritu vivificante. Pero no es primero lo espiritual, si no lo animal, después lo espiritual. El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo fue del cielo". Dice San Pablo que "la muerte ha sido sorbida por la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?".
Finalmente, les invito en este posteo a escuchar y ver un video del año 1979, del cantautor chileno Fernando Ubiergo... ojalá que lo disfruten. Véanlo en:
http://www.youtube.com/watch?v=HcH69MKu1FQ
viernes, 9 de noviembre de 2007
El veneno me está matando...!!!
miércoles, 7 de noviembre de 2007
El Amor en la Oscuridad...
Deja las palabras, la música y el ritmo; apaga tus discursos; túmbate conmigo en la hierba. Sólo el arrullo quiero, el susurro y las sugestiones de la voz. ¿Te acuerdas de aquella mañana transparente de verano? Estabas con la cabeza reclinada en mis rodillas y dulcemente te volviste hacia mí, abriste mi camisa y me buscaste con la lengua el corazón profundo. Después te alargaste hasta hundirte en mi barba, te estiraste y te adheriste a mí desde la cabeza hasta los pies. Conocí entonces la paz y la sabiduría que están más allá de las disputas de la tierra". Walt Whitman. Canto A Mí Mismo. V.Leí por ahí que el profeta poético de la tristesa existencial de toda la lírica posterior, Walt Whitman, redactaba, editaba y distribuía, entre exiguos suscriptores, un boletín que el mismo imprimía, adquiriendo - con sus escasas ventas- una parcela para su sepulcro. Buena idea!!! pues morir es lo único concreto que nos pasará a todos. Y, pese a lo sublime de la experiencia feliz que puede significar el encuentro de almas (como el momento que retrata en el poema mencionado más arriba), todo es fugaz, tenue, como la vida de la cigarra o como la luz que se dibuja en el cielo cada noche y que nos recuerda que una estrella ha muerto. Escuché hace unos días - tal vez hace unas semanas- al Psiquiatra chileno Sergio Peña y Lillo decir que los tibetanos, en etapa de meditación, ven una luz clara que es la que nos asegura la vida. Cuando esa luz cambia comienza la degradación psíquica-espiritual del individuo (esa luz "mala" escapa por las narices y los genitales). Ello nos recuerda - me recuerda- que somos seres energéticos activados por la luz que significa tener y mantener un "mundo interior"... dijo el Psiquiatra que si el hombre tomara contacto con su vida interior sería feliz, pero como toma contacto con la razón siente infelicidad; por lo tanto, la infelicidad está en la mente. Eso, que parece difícil de asimilar, nos lleva a cuestionarnos sobre el sentido del vivir. La vida humana tiene un sentido y una dirección y - como somos fundamentalmente seres de luz y espirituales atrapados o encarnados en animales mamíferos- podemos también percibir el lado trágico del existir. Pero el hombre vive en la esperanza, no en el miedo; la intuición y la pasión, más que la razón, guían nuestras decisiones. En estos días de pena profunda divago por el infinito para intentar conocer algo de la inteligencia del cosmos, bregando día a día por no caer en el círculo del Inferno en el cual se encuentran los cobardes (los avaros del alma, que fue a los primeros que encontró el Dante en su viaje por esos territorios). La valentía es precisamente vencer al temor... Pese a la devastación interna que he vivido y que vivo, mi dulce "Principito" me ha hecho entender que el mundo afuera - a mi alrededor- todavía está intacto, que el Amor brilla más fuerte en la oscuridad y que si tú perdido estás el Amor contigo estará.