Sí Principito. Tienes razón. Es sólo la primera batalla. Sigo vivo y el mundo a mi alrededor continúa girando perpetuo. Tu y yo (y muchos otros tan sensibles como nosotros) somos parte una gran zaga. Estamos abriendo la senda por donde ha de transitar la humanidad completa. Ello pese a que estamos rodeados de miradas imbéciles y de espíritus nublados por el egoísmo o la falta de humanidad, de seres que se sienten semidioses y que a menudo cargan con deformidades en el alma. Eso nos hace aún más fuertes y nobles, eso es innegable. Y, aún cuando la ruta parece perdida, la esperanza es la luz que ilumina nuestros pasos. Seguimos adelante. Los sueños no se han destruido. Nuestra unión - que va más allá del placer físico que regala un buen orgasmo- se ha tornado indestructible. Estamos creciendo enormemente en el plano que realmente es trascendente, aquel que nos permite ser eternos y traspasar el tiempo. Nada material, ningún capricho mundano o ironía destructiva puede alcanzarnos o causarnos daño. Nuestra lucha es mucho más sublime. Reconocemos nuestra debilidad, nos conectamos profundamente con el todo disparándonos inevitablemente al infinito.
Recuerdo aquí lo esencial del planteamiento de Erich Fromm en su Arte de Amar: "El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa experiencia central está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor".
La promesa sigue intacta... sigo creyendo. Somos ángeles que desplegamos nuestras alas para surcar el cosmos.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Ángeles en el cosmos...
Sí Principito. Tienes razón. Es sólo la primera batalla. Sigo vivo y el mundo a mi alrededor continúa girando perpetuo. Tu y yo (y muchos otros tan sensibles como nosotros) somos parte una gran zaga. Estamos abriendo la senda por donde ha de transitar la humanidad completa. Ello pese a que estamos rodeados de miradas imbéciles y de espíritus nublados por el egoísmo o la falta de humanidad, de seres que se sienten semidioses y que a menudo cargan con deformidades en el alma. Eso nos hace aún más fuertes y nobles, eso es innegable. Y, aún cuando la ruta parece perdida, la esperanza es la luz que ilumina nuestros pasos. Seguimos adelante. Los sueños no se han destruido. Nuestra unión - que va más allá del placer físico que regala un buen orgasmo- se ha tornado indestructible. Estamos creciendo enormemente en el plano que realmente es trascendente, aquel que nos permite ser eternos y traspasar el tiempo. Nada material, ningún capricho mundano o ironía destructiva puede alcanzarnos o causarnos daño. Nuestra lucha es mucho más sublime. Reconocemos nuestra debilidad, nos conectamos profundamente con el todo disparándonos inevitablemente al infinito.
Recuerdo aquí lo esencial del planteamiento de Erich Fromm en su Arte de Amar: "El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa experiencia central está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor".
La promesa sigue intacta... sigo creyendo. Somos ángeles que desplegamos nuestras alas para surcar el cosmos.
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