Bueno, es el karma o el camino que está escrito. Dicen los más místicos que uno escoge concientemente todo el "Plan de Vida" (hasta con segundos de vida inclusive) el cual tiene que ver con necesidades o experiencias que deseamos enfrentar... que la reencarnación, por lo tanto, existe y que puede ocurrir indistintamente en cuerpo de hombre o mujer. Por eso, a la hora de nacer los dioses (o "Dios") te hacen beber lo que se denomina "las aguas del olvido" para no experimentar traumas ni choques con la nueva "realidad". Así se explica también que todo aquello que nos ocurre es directamente proporcional a nuestra capacidad de aguante. Pero también es muy concreto que en algunos casos los giros de la vida pueden ser inmensamente dolorosos e inesperados, impensados y absolutamente desestabilizadores. Pero - como sea- hay que mantenerse en el viaje, por más feroz que sea el embate de los hechos o circunstancias.
Yo, por ejemplo, no quería. Nunca lo imaginé ni lo esperaba. Pero aquel alma que se había fundido con la mía en una senergía de amor universal (que va más allá del encuentro carnal) decidió dejarme, volar fuera de mi pecho (que fue su refugio durante muchos años) y posarse en el fondo de otros ojos... eso me desarmó, me llevó a la muerte experimentando el máximo dolor que un ser humano puede enfrentar (no miento cuando digo que las piernas me fallaban y que varias veces caí al suelo profundamente abatido). Ha sido un tránsito obligado por los vaivenes que generan las emociones encontradas. A menudo lloro su ausencia, pues todavía no me acostumbro al vacío que dejó en mí. Extraño su sonrisa, su aroma, su cabello revuelto al despertar en las mañanas, su piel erizada de placer, sus ojos intensos, su voz que calmaba mis tormentas internas. Fue tan intensa nuestra historia que aún no entiendo muy bien su alejamiento... nunca me dijo claramente nada de lo que le ocurría y simplemente - de un segundo a otro- ya no estaba más. Terrible. Desolador.
Hoy puedo decir que - pese a todo el derrumbe existencial- tan sólo quiero, sueño y ruego para que su sonrisa y energía no se apague, que pueda volar muy alto y ser inmensamente feliz. Ello aunque yo muera de amor por él y viva el resto de mi existencia en la más incomprensible soledad.
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