miércoles, 8 de agosto de 2007

Nuestras noches en AguaTemu

Fueron ocho años. La vida entera. Y no sé lo que pasó. Te conocí esa noche de marzo en la que nuestras miradas se enredaron para siempre... yo caminaba solitario por la vida, decepcionado, taciturno y muy ajeno, y apareciste tu. Fue potente, inusual, mágico y -desde aquel mismo instante- supe que viviríamos una historia de esas que pocos se atreven a enfrentar. Yo haciéndome el súper hombre y tu rompiendo el hielo con ternura de niño-hombre, ojos de pasto tierno y alma de gigante dispuesto a amar con pasión desafiando al mundo entero. Fue poesía, literatura, y nuestras almas comenzaron a conocerse y a necesitarse eternamente. Eso creí yo.
Busqué una fórmula ideal. "Te tendré una semana entre mis brazos y luego te dejaré partir", eso te dije. Y me equivoqué, o no me resultó. Con el pasar de los días y los nuevos encuentros te ibas incrustando en mi piel de hombre y tu aroma, sonrisa y juventud se transformaron en parte del aire que respiraba. Ya no era posible el paso atrás. Y seguimos, como caballeros medievales, reencantando nuestro mundo, venciendo fantasmas, rompiendo barreras y amándonos con intensidad y entrega.
¿Te acuerdas, amor, de esas noches clandestinas del comienzo?, ¿te olvidaste de esos momentos robados a la madrugada?, ¿sigue en tu memoria aquel calorcito compartido cuando tu piel se fundía con la mía?... éramos amantes dueños del mundo, yo en ti y tu en mi... una frazada cubría nuestras ganas, cobijados en tu camioneta, observando la ciudad desde lo alto y desde el otro lado del río. Las ganas eran enormes. Yo quería estar contigo y tu no querías despegarte de mi. Caminábamos la ciudad muy juntos, y la noche nos invitaba a descubrir ángulos secretos.
Hoy te invito a danzar con el viento, a dejarnos llevar por las imágenes que construimos, impulsados por el amor que no tiene tiempo y que es capaz de vencer el olvido. Quiero sentirte por siempre a mi lado, tal cual como esas noches en las que dejabas que me abandonara al sueño y - luego de besar mis labios- me decías tiernamente, junto a mí refugiados en la cama, que nos veríamos al día siguiente.
Esta es nuestra historia... este es el registro de nuestro amor de hombres, reflejo de lo que la vida ha dibujado para nosotros.

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