jueves, 27 de septiembre de 2007

El resto de nuestras vidas...

Estaba nervioso, debo reconocerlo. Caminé hasta la Universidad sabiendo que se produciría el encuentro. Repasé el discurso mientras me aproximaba hasta la entrada, para no olvidar nada. Hablé con Leyla, la que se sorprendió al verme tan delgado (como casi todos en últimos meses) y luego de dejarla me senté a esperar en las mesitas que estaban en el patio. Ansioso te esperé durante varios minutos hasta que apareciste... ¡Hola! ¿Me puedes regalar un par de minutos de tu tiempo?, te dije... ¡Claro que sí!, respondiste con sorpresa en tu rostro. Y conversamos. Fue lindo, intenso, y nos reencontramos en el afecto. Te lo agradesco. Te quedas en mi para siempre y ya sé que yo me quedo en tí de la misma manera... podremos encontrarnos sin rencor y yo diría que hasta con alegría cuando la vida nos ponga cerca nuevamente, sin sentirnos extraños sino muy próximos de corazón. Tu vida y la mía han tomado nuevos rumbos, pero - si tu quieres o el destino lo permite- volveremos a estar juntos en el futuro (ese futuro que parece haberse derrumbado perpetuo, pues yo al menos sigo creyendo en ti). Ahora, Principito, debes volar muy alto y recorrer el cosmos para que sigas creciendo y amando como sólo tú sabes hacerlo. Ya sabes que - esté donde esté y como sea- yo te estaré apoyando por toda la eternidad. Puedes contar conmigo y, ¡Por favor!, recuérdame con cariño, que yo haré lo mismo. De mi corazón no saldrás NUNCA. Fue muy lindo y tranquilizador además escuchar a mi niña preciosa (Anita) que una vez más me regaló afecto espontáneo... con ella siempre hubo magia y lo sabe. Le deseo lo mejor, pues se lo merece. Bueno... ha comenzado el resto de nuestras vidas: ¡Sé muy feliz Goñito!... yo estaré siempre cerca y esperando (en una de esas... quién sabe!).

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