martes, 16 de octubre de 2007

Macrociudad, amor, soledad y literatura

Estoy en el subterráneo de la Universidad. A mi alrededor voces jóvenes y pelos disparados al viento, espíritus libres y conciencias voladoras. Sentado frente a la pantalla plana, dejo fluir algunos pensamientos "en voz alta" ( o más bien abro mi cráneo para que las ideas tomen su rumbo propio). Han sido jornadas de profunda introspección, deambulando por las arterias que otrora compartí con el ser que más he amado en mi vida... y ahora, esos mismos espacios se me dibujan desoladores pero llenos de promesas. No sé, no quiero saber, tan sólo siento. Desde lo alto de la torre 8 en la Remodelación San Borja (piso 19) la urbe se teje inmensa y la cordillera aparece como un murallón infranqueable. Sin embargo, no ha pasado un día sin que su imagen se me aparesca por ahí... sé que estamos conectados pues leyó la tarjetita virtual que le envié durante el fin de semana; además, antes de viajar hasta este escenario hablamos muy afectuosamente... yo también estaré allí estos días, eso me dijo... Si tu quieres podemos tomarnos un cafecito clandestino por ahí en cualquier lado, le respondí... no te prometo nada, fue su sentencia. Nos deseamos lo mejor y colgamos.
Es realmente extraño amar tanto a alguien y no poder tenerlo. Pero, "no hay mal que por bien no venga" decía una señora antigua que vendía plantas en la calle en la que crecí. Y tiene razón. La vida y el amor fluyen sin restricciones ni control, son lo que son y no hay vueta que darle al tema. Arriba, abajo, bien, mal... es un vaivén de emociones, un tobogán que hace que el estómago sienta "cositas raras" y que cada nuevo sol en el cielo sea una oportunidad. No hay tiempo que perder, hay que seguir avanzando, la promesa es constante y se renueva permanentemente... nada es definitivo (¿o sí?). Prefiero la ambiguedad, la mezcla, lo misceláneo, la diversidad, lo relativo, la experimentación y el descubrimiento. La aventura y la incertidumbre te hace ser más frágil y más humano. La perfección no existe. No es posible. Sólo por existir estamos en conflicto y somos seres llenos de fallas (todos, cualquiera, nadie se escapa). Lo único que realmente puede llegar a desarmar, destruyendo el alma, es el sentir la soledad de adentro. Ello tiene que ver con la imposibilidad de disfrutar de uno mismo y de necesitar "patológicamente" a los demás, a alguien más, para disfrutar la existencia. El aplauso del público es siempre bienvenido, la caricia espontánea, el beso sublime, el afecto por el afecto, el encuentro de almas... todas son necesidades y demandas.
En ello, los que usamos la escritura como "terapia" para sacar de las sombras historias, pasiones, alegrías y dolores sabemos que ese ejercicio redime casi tanto como una oración o plegaria elevada al cielo y a los dioses. En relación al plagio en la literatura, Armando Roa - poeta chileno que participó en el Foro “Plagiadores y plagiados: encuentro sobre la copia y el cut & paste”, organizado por las escuelas de Periodismo y Literatura de la U. Diego Portales- explicó que resulta más difícil delimitar cuando se trata de una copia o no. “La literatura se alimenta desde siempre de las voces de otros, de los préstamos literarios. Un texto puede adquirir nueva vida en manos de otro autor”, indicó. Para graficarlo, citó el ejemplo de Shakespeare, quien ha inspirado numerosos textos literarios a lo largo de la historia. “El plagio lo veo como un simple calco. El ‘préstamo’ se da en toda la literatura y es legítimo mientras haya un trabajo creativo de por medio”, acotó el poeta. Y tiene razón. No hay nada nuevo bajo el sol.
Me voy de aquí, salgo al mundo, y espero encontrarte con una sonrisa en tus labios y con el corazón iluminado. Tu lo sabes bien: ¡Te amo!... sé que estás esperándome y voy por ti.

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