El sol fue mi cómplice y el viento mi compañero durante la caminata. Mi intención era dejar una rosa azul, pero no encontré ninguna. Sin embargo, el saludo fue con una flor roja con pequeños lunares blancos y una "chinita" justo en medio y por ambos lados; una flor de género que - aunque humilde- refleja el inmenso amor con la que fue instalada en la tumba de su abuelo. Era imposible no tener ese gesto, aunque fuese en secreto y sin mayores señales de su autor. Un pequeño saludo de profundo agradecimiento por habernos "ayudado" durante tantos años, por haber estado cerca permitiendo que nuestro amor creciera inmenso día a día. Don Samuel fue para él su padre, por eso hoy junto a su lápida le supliqué que intercediera allá en lo alto para que toda esta inmensa pena que siento por el alejamiento de su nieto pueda pasar prontito, le pedí perdón por todo (no sé muy bien qué es eso de "Perdón por todo", pero lo hice) y le aclaré que lo único que deseo es que su nieto pueda ser realmente muy feliz y que nunca fue mi intención causarle daño alguno (aunque él desde donde está puede ver nuestras almas y leer nuestros corazones, eso supongo)... sé que Don Samuel nos ayudará a ambos. Eso espero.
El año pasado el ritual lo hicimos juntos y todavía era posible sentir que había amor entre ambos... eso creía yo. Como cada 1 de noviembre hoy yo cumplí... un poquito adelantado y con algo de nervio porque podría haber importunado con mi presencia en el Cementerio Parque, pero igual no más fui. Estoy más tranquilo, pero con la misma sensación de siempre en estos últimos meses. Es que vivo al borde de las lágrimas. Quisiera retroceder el tiempo y abrazarlo con ganas de nuevo, pero no se puede, no se puede, no se puede.
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