domingo, 6 de enero de 2008

Adolescente ¿Gay?... un volcán de deseo.

Acaba de entrar a este ciber-café. Es demasiado hermoso. Lo he visto varias veces antes. Tiene unos ojos increíbles y facciones de chico italiano que uno no se cansa de observar. Piel blanca y se nota que inmensamente suave, como para perderse en ella por horas. Con sus cerca de 20 años es un mancebo muy seductor... y me ha mirado. ¡Que ganas de recorrer un cuerpo así y de besar esos labios de miel!... es casi un espejismo que me ha hecho muchísimo más grata la tarde, motivándome a escribir este post.
Recuerdo cuando tenía esa misma edad... creo que también era un bocado (casi todos los muchachitos con aire de candidez lo son, al menos para mí). Mi primera pareja gay la tuve a los 19 años y fue una relación muy intensa pero muy superficial (cuestión de piel y sin mucho contenido). Estaba recién saliendo de una relación "hetero" con una chica bastante popular en la universidad y - concientemente y luego de conversarlo incluso con ella- asumí que quería vivir el sexo con un chico que había conocido en un pub discoteque y con el cual ya hacía varios meses que manteníamos contacto muy cercano (aunque aún no había ocurrido el encuentro carnal... era eso precisamente lo que faltaba). Ese muchacho era un año menor que yo (18) y muy parecido a la delicia que en estos momentos ocupa el computador que está frente al mío. Así de atractivo, escogido casi como en un casting para trabajar como bartender en ese pub discoteque. A esa edad todo roce o mirada levanta rápidamente el pantalón y la entrega es con fuego entre las sábanas (o en cualquier lugar que permita la aproximación y el sexo). A menudo se reacciona con bastante irresponsabilidad pues uno se cree dueño del mundo, casi un súper héroe del sexo casual e intocable por los venenos de la sociedad posmo. Error. Gran error.
Sus manos y el tamaño de sus zapatillas de lona negras con blanco son una provocación extra(debe calzar 43 ó 44 fácilmente) . Es que no puedo dejar de fizgonear a ese bello ejemplar masculino que se presenta como un volcán de lujuria... si me lo puedo imaginar perfectamente desnudo, excitado, con sus ojos semi cerrados (o semi abiertos, que es lo mismo) sintiendo las oleadas placenteras en cada fibra de su organismo de adolescente hot. Se abre de piernas - eso es lo que está haciendo en este momento frente a mí- y se balancea en su asiento giratorio, toma su celular y lo acaricia eróticamente entre sus manos y justo sobre ese paquete que luce prometedor...
Cuando iba a ese pub discoteque muy hetero en el que conocí a mi primer amor homosexual nunca me imaginé que allí me cambiaría tan radicalmente la vida. Fuimos pareja por casi 3 años y practicamos el sexo de mil formas distintas... recorrimos muchos lugares y francamente dejamos que nuestra candidez diera paso a los deseos más ardientes. Sí, lo pasamos muy bien juntos. Él - tal como el muchachito que ahora me excita- era más alto que yo (1.80 mt) pero, como me dijeron una vez, en la cama todo se empareja. Sus labios eran exquisitos... y sus ojos verde oliva (tal como los que tiene el chico de enfrente) eran capaces de cautivarme por horas. Una delicia...
Creo que la llegada del bombón a este ciber me distrajo demasiado y la razón fundamental de este post pasó a un segundo plano. Pero al menos la dejaré planteada antes de emprender mi retirada: Sé que el "soldadito del amor" que me regaló horas calmas y alegres tiene su corazoncito enredado (se enamoró de un muchachito argentino de cuyo aspecto no haré comentarios, pues sólo me atrevo a decir que yo nunca podría fijarme en alguien así... ¿quedó claro?... en cosa de gustos no hay nada escrito, eso es verdad)... y sé que es altamente improbable que la vida me regale una segunda oportunidad con mi ángel de ojos tiernos (mi ex, 10 años menor que yo)... sé también que mi corazoncito está muy frágil y que lo que busco es calma... por eso, es mejor cerrar un ratito los ojos y sentir el viento, las sugestiones de la voz, el arrullo, el concierto universal y cósmico de los elemntos de la naturaleza... y dejarse llevar por el caudal manso de la vida, o como las hojas que bailan al ritmo que el viento les impone, sin resistencia. Que sea lo que Dios quiera... quiero vivir y ser un poquito más feliz. Mi corazón ruega por dulce compañía. El "soldadito" me gusta mucho.
Ya. Tal como el delicioso muchachito que escribía frente a mí, yo también me voy ahora a enfrentar el mundo de allá afuera. En una de esas.... quién sabe.

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