martes, 15 de enero de 2008

Soldadito en el refugio... LO EXTRAÑO MUCHO.

Mis ojos están húmedos nuevamente. Estas putas lágrimas no quieren parar. Y es que la gran felicidad de una persona es al mismo tiempo el profundo dolor de otra. Y a veces se hace mucho daño sin querer, incluso se puede lastimar sin hablar y sintiendo gran afecto por aquel que es dañado. Es raro. Las cosas del corazón me quedan grandes. Yo me muestro transparente, tal cual, sin dobleces ni malas intenciones. Sin embargo, aquí estoy, pensando en él. Fui atravesado por su mirada de soldadito asustado en medio de la batalla... le ofrecí mi pecho como refugio y estuvo en él varias horas. En esos momentos consiguió calma y durmió profundamente a mi lado. Como agradecimiento por la paz momentánea - eso supongo- me regaló horas felices, muy pero muy felices... y me hizo soñar e ilusionarme nuevamente. Conocí su cuerpo y me lo aprendí de memoria, recorrí sus pliegues y sinuosidades, sentí su aroma intenso, vi su rostro en el clímax, sus ojos cerrados y lo ayudé en su viaje al éxtasis. Escuché su historia y él la mía... así, de a poquito, llegué también a conocer cómo habla su corazón y cómo se expresa su alma. Compartí su desatada emoción. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que me ha domesticado... nos hemos domesticado (tal como ocurrió con el zorro y El Principito). Por eso hoy - aquí y ahora- lo extraño enormemente y quisiera sentir su presencia, su energía renovada, su cabeza reclinada nuevamente en mi pecho... y es que él es único para mí. Por eso tengo ganas de llorar. Él es Mi soldadito y yo seré su refugio cuando lo necesite, SIEMPRE.

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