miércoles, 29 de agosto de 2007

Abrígate en mi pecho

Lágrimas púrpuras y bruma espesa como fauces del averno te arrebataron de mi lado y me han dejado con heridas que no sanan. No es fácil para mi caminar, avanzar, pues el peso del dolor no se puede medir. Nunca te diste cuenta, no me viste realmente, no alcanzaste a leer las palabras que para ti escribía en silencio mi corazón enamorado. Viste otras cosas, me hiciste un juicio azuzado por voces ajenas y me condenaste: ¡A sufrir el imbécil!. Pero no hay de mi parte más que amor como defensa, agradecimiento como argumento y mis brazos abiertos por toda la eternidad para que te abrigues cuando quieras en mi pecho.
Mi vida sin ti está vacía, duelen los ojos y se marchita el alma. Nunca supe exactamente lo que ocurrió, pero tengo muy claro que ese enviado del lado oscuro que te sedujo y me destruyó la vida deberá rendir cuentas más temprano que tarde. Te lo advertí cariño: "Nada que nasca de la Maldad puede tener un buen final". Aunque, insisto, si yo puedo ofrendar mi existencia para que ustedes sean felices lo hago... le pido a mi Dios que se apiade de ustedes y que me lleve como un ejemplo de sacrificio por amor.
No sé cómo era la vida sin ti, no quiero olvidarte y no puedo más. Quiero que sepas que desde que te conocí nunca dejé de amarte, hasta el final.

No hay comentarios: