Lo escribí en mi agenda mientras iniciaba el viaje. Hoy encontré el texto, y recuerdo patente las emociones de aquellos momentos. Tenía miedo, incertidumbre. No quería dejarte Amorcito, pero soñábamos con un futuro mejor. Por eso me fui junto al mar, para esperarte allí, para armar una nueva vida para ti y para mí, que fuese para siempre. Eso es lo que buscábamos. Subí al bus muy nervioso, y a tan sólo unos segundos de haber partido y habernos despedido en el paradero del IPF, ya te estaba necesitando a mi lado. Pero la promesa era férrea. Estando juntos venceríamos la distancia y seríamos muy felices.
Aquel testimonio dice así:
"Hoy nuevamente se activa el ritual eterno: Principio y fin. El jardín de senderos que se bifurcan se mueve, abriendo nuevos espacios y cerrando tras de mi algunos otros. Obviamente la incertidumbre a esta hora de la mañana (8:50) es mayúscula; el bus disminuye su velocidad y por la ventana desfilan un sinnúmero de diversos paisajes (son los lares, los distintos lares del sur). Voy viajando por la 5 Sur destino a Puerto York.
¿Qué cambios se avecinan? ¿llorar o reír?; no conozco esa ciudad instalada junto al mar (con una canción famosa), y me acaban de informar que el Terminal del bus está a sólo dos cuadras del centro... ¡Llegaré!, sí, llegaré. El Amor me acompaña en este viaje; sé que está a mi a lado. Me lo dijo. Habló conmigo. Seremos amantes libres que juegan y sueñan junto al oleaje eterno.
Siento que los pantalones me quedan un poco cortos. Tengo ganas de fumar. El cielo está negro, cargado de nubes; pero el sol se las arregla perfectamente para asomarse amistoso entre ellas. Se ha dibujado un arco iris. Y ya te extraño.
Los profundos misterios del destino, la noche sideral de las preguntas, los arcanos dibujados en mi mano, el caos o el orden perfecto de todas las cosas (que son lo mismo obviamente); todo a estas alturas de los minutos parece una danza, un carnaval de máscaras, un cerro con su cumbre borrascosa.
Un paraguas azul avanza en medio del pequeño bosque (alguien lo sostiene), llueve. A mi lado el vacío, con un libro de Cela (Café de Artistas). Tengo ganas de recorrer sus páginas. Pero prefiero pensar en ti ahora.
9:23 y el día se ha puesto más oscuro. Dejo de escribir por un rato y duermo.
15:05 Ya estoy en el diario "Todos Los Santos" de Puerto York, que es más pequeño y clásico de lo que imaginaba. Estoy sentado en los trajinados sillones azules que están cerca de la entrada. Espero. Continúa la incertidumbre. Pero llegué puntualmente, a la hora programada. ¿Qué sucederá? Mi primera impresión es que me parece que esta ciudad se está farreando su vista al mar.
Puerto York me recibió con sol y viento marino. Es para mi extraña la situación de caminar por calles repletas de vehículos y junto al litoral del sur de Chile sin ti. Aquí adentro no se puede fumar (me persigue esa imposición). No sé si pertenezco a esta "realidad". Siento tu energía y sé que - pese a todo- nos amamos".
Me dediqué a trabajar todo el tiempo. A sacarme la cresta, motivado por el profundo amor que siempre movilizó mis ganas. Una colega y amiga - que había sido compañera de curso en la Universidad- me ofreció su casa mientras me ubicaba en esa ciudad y conseguía algún lugar para vivir. Pasaron algunas semanas y, momentáneamente, arrendé un departamento que estaba en un segundo piso, con una escalera lateral externa que llevaba hasta la puerta de entrada, en el sector de Caleta Ángel Montt. Ese fue nuestro primer refugio. Algo incómodo. Pero a ti no te importó. Cualquier sitio era bueno para multiplicar nuestras ganas de estar juntos.
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