lunes, 13 de agosto de 2007

Mentira, Mar y Sexo

Y nos fuimos. Alegres. De paseo hacia Puerto Saavedra (a dos horas de AguaTemu). Tu a escondidas, yo en las nubes junto a ti. Fue un viaje lleno de aventura y cercanía. No dejé de mirar tu rostro mientras manejabas la camioneta durante todo el viaje. Eras un premio. Tu presencia era mi regalo en ese día de sol a mitad de semana. Nada importaba. Éramos tu y yo rumbo al infinito, para estar juntos, para inventar mundos nuevos y descubrir el planeta sintiendo el roce de nuestra piel junto al aire salado y a la inmensidad del océano. Llegamos al mar y caminamos junto a las olas... recolectamos caracoles y conchitas, dibujamos corazones en la arena. Fuimos muy felices, eso es innegable.
La odisea continuó más tarde cuando decidimos cruzar en balsa hacia Isla Huapi, ¿te acuerdas?, pues el lugar nos regalaba misterio y sonidos ancestrales que estábamos dispuestos a escuchar solos tu y yo junto a las olas. Buscamos un lugar secreto. El acantilado apareció de pronto, se abría ante nuestros ojos y el cielo azul se confundía con la vastedad del Pacífico. Olas inmensas rompían en la orilla. Era una playa solitaria en medio de aquel paisaje. Bajamos. Allí, tu y yo, con la puerta abierta de la camioneta, juntamos nuestros cuerpos desnudos. Fue delicioso, cálido, inolvidable. Tú querías que eso ocurriera, y yo me entregué a ese juego. Nos amamos intensamente sobre la arena. Recuerdo tu nerviosismo y el mío, el aire marino bañando nuestras partes íntimas expuestas sin pudor para dar rienda suelta al encuentro sexual potente y cadencioso.
Una mala pasada. Al intentar salir de allí la camioneta se atascó en la arena. Uno de los neumáticos se enterró profundo (como la clavada de un rato antes en tu dulce anatomía)... y como Caballero Armado fui en busca de ayuda para rescatarte de allí con premura. No te preocupes, mi amor, voy por ayuda. Eso te dije. Ya caía la tarde y tu estabas algo nervioso pues todo indicaba que tu "mentira del día" en AguaTemu podía ser descubierta al regresar más tarde de lo programado. Y corrí por los campos. Hablé con extraños. Regresé hasta el lugar a bordo de un tractor y logramos desatorar la rueda y emprender la marcha de regreso.
Nuestras incursiones y nuestra historia entera están llenas de momentos inusuales, que no podrás volver a vivir con nadie más. De eso estoy seguro. El contacto con la naturaleza, el nexo de nuestros corazones y la pureza de cada momento compartido son hoy irrepetibles. A menos que estemos juntos. Nadie más será tan loco como yo. Nadie te amará tanto.

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