El dragón rojo en la caja de los naipes se parece mucho a mi tatuaje. Aunque mi figura es un tribal circular con forma de pez, de esos que se inmortalizan en la piel las tribus de Oceanía (los Maoríes, entre otras). Tu lo encontraste algo "chulo" la primera vez que lo viste, muy grande, pero igual en muchas ocasiones lo acariciaste y tu lengua lo rodeó al jugar con mi tetilla izquierda (está justo arriba, en el pecho, sobre el corazón). Me lo hice en otro Mall, en la costanera de Puerto Montt, al lado del mar, en ese local que tu también conociste y en el cual perforaron tu oreja de manera muy extraña (tanto que fue fotografiada y la imagen exhibida por meses entre otras que estaban publicadas en la pared al lado afuera de ese puesto de tatuadores atendido por un joven de ojos azules de origen argentino). El local ya no existe en el entrepiso de aquel lugar, y lo último que supe fue que había sido clausurado por haberles provocado serias heridas al arrancar de sus piernas unos tatuajes a dos jóvenes que querían hacer el servicio militar y que no serían recibidos si tenían esas marcas de tinta en la piel (idioteces de milicos, ante lo cual los tatuadores sólo pudieron proceder cortando el pedazo de piel por unas cuantas monedas pagadas por lo aspirantes a reclutas).
Los muchachos que están repartidos en las mesas a mi alrededor, aquí en el Patio de Comidas del Portal chic que miles de veces recorrimos juntos, están concentrados en distintos juegos de rol con naipes. Los he observado a todos en un recorrido visual furtivo y ligero, y - definitivamente- el más atractivo de todos está justo detrás mío. Encumbrado recién sobre los 20 años (tal vez 18) lleva una barbita incipiente adornando su rostro (de esas que me calientan mucho, como la que tu tenías y que no sé porqué decidiste rasurar. Error. No debiste hacerlo). Sus manos blancas (y de seguro muy suaves) sostienen el mazo (Uff!!) y de entre todas las posibilidades escoge dos naipes. A su lado, su cómplice en el juego, es otro seductor joven, calvo y muy afeitado, de pestañas tupidas y cejas gruesas, con facciones angulosas y varoniles.
Sí. Te extraño. Este lugar ya no es el mismo sin ti. Aquí adentro - en los pasillos de este centro comercial y en mi alma- el vacío se hace inmenso. Quisiera que todo fuese como antes; que aparecieras caminando con tu ritmo particular y - como siempre- con tu carita llena de risa al momento del encuentro. Bello, cómplice, compañero y amante, disimulando la cacha fiestera que rato antes (o la noche anterior) habíamos tenido juntos. Delicioso, lleno de ganas, cautivador y alegre. Sé que eso ocurrirá, no hoy ni mañana tal vez, pero nos encontraremos de nuevo y para siempre. Ya me queda claro que la vida es un círculo, de ida y vuelta, y que siempre retornamos al mismo punto. Hay quienes dicen que el espacio es curvo, que el cosmos es circular y que aunque parezca que se camina en línea recta lo que en verdad ocurre es que se avanza por un segmento de un círculo, que esa es la forma total y perfecta.
Por ahora, tal como los jovencitos tentadores que tengo muy cerca, yo me siento jugando un rol. Me ha tocado una mala mano y he perdido; la vida me ha hecho trampas y el destino una feroz zancadilla. Pero sigo en el juego, no lo he abandonado, y - si tu me ayudas, Amor- ambos podemos ser vencedores. Tal cual me lo prometiste muchas veces. Yo sigo creyendo (eso fue lo que me pediste siempre, y no he dejado de hacerlo).
Te creo. Te espero. Te extraño. Te busco. Te necesito mucho, amor de mi vida. Este lugar ya no es el mismo; el mundo sin ti ha cambiado y se ha vuelto muy triste. Pero sé que llegarás, con tu ritmo particular, y me salvarás de nuevo. Me rescatarás de esta realidad desvastada. Ganaremos el juego.
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