La fotografía que ilustra es del protagonista de Harry Potter... ha crecido el muchachito (en la foto entera se nota mejor, se los aseguro!)
¡ADELANTO EXCLUSIVO! Este es un fragmento del cuento "Piel de Hombre" que he escrito para el concurso de Cuentos de Revista Paula; es un extracto de la parte final del mismo.
"Dos días después reapareció Manuel volviendo a hablar de planes mutuos. Feña quedó muy feliz, y dispuesto a mejorar su ánimo decidió consultar un médico. Fue al Hospital Superior que estaba cerca de su casa. Pagó la consulta y se sentó a esperar. Comenzó a extrañarlo mucho y lo llamó.
- Hola. Estoy viendo un médico en el Hospital Superior ¿Puedes acompañarme?
- ¡Que bueno que estás en eso!. Déjame ver. Te llamo enseguida.
Fernando sintió el instante como eterno. Pensó que Manuel estaría tal vez demasiado ocupado. Lo llamó de nuevo, a la casa, para decirle que no se preocupara.
Una voz inconfundiblemente Gay le dijo bruscamente que Manuel no estaba y que volvía en la noche. Fernando, sorprendido, creyó que todo era una broma. Volvió a marcar fijándose bien en los dígitos. La misma voz le responde irónicamente lo mismo y corta el llamado.
Fernando salió del hospital. Tomó un colectivo y se bajó justo en la esquina de la casa de Manuel. Desde la cabina que hay en ese lugar llama esta vez al celular. Y la misma voz lo trata de patético, se rie con estruendo y cuelga. Fernando insiste.
- ¡Dale el teléfono a Manuel si no quieres que en menos de un minuto quede la cagada!
Le cuelgan. Cruza la calle y golpea. Cuando vio al cretino mariquita, su sorpresa fue tal que no pudo más que exclamar su nombre. Lo conocía bien, pues se trataba de un ex alumno de la universidad, cuyos modales provocaban que sus pares lo compararan con un farandulesco y afectado personaje de la Estación Católica .
- ¡Matías Tudera!
- ¡Sí, soy yo! -respondió manos en jarra y risa falsa.
Fernando le dio tal golpe a la cara, que ambos cruzaron el umbral de la puerta. Y no paró hasta que vio la sangre corriendo a borbotones, justo antes de incrustarle en la testa un candelabro de plata, un entrañable recuerdo familiar.
Al irse, Feña sintió que le había pegado a una mujer indefensa."
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