Herido de sombras, como el humo del cigarro voy... Eso dice Ibrahim Ferrer, el vocalista de Buena Vista Social Club. Y así no más es. Me dejo llevar, invadido por la tristeza y con el alma humedecida en lágrimas. Sin rumbo. Llevado por el aire a todas partes, casi invisible. Sin ganas, furtivo, a la deriva. Tu recuerdo es poderoso. Sigues aquí, muy vivo. Nada se ha movido de su lugar. Soy tuyo.
El muchacho que está a mi lado escribiendo es demasiado atractivo. Casi un pecado. Una llamada sorpresiva lo anima a tomar su teléfono. Fue un "pinchazo" de alguien que le espera. No responde. Prefiere escribir un mensaje de texto. Y yo, con mi celular en el bolsillo, ya no recibo llamadas de nadie. Mi mundo está vacío. Todavía tengo almacenado aquel mensaje de Agosto del año pasado, en el que me dices que pasarías a buscarme al centro y que me amabas. Y ahora, NADA.
Divago por el infinito. Quiero saltar del corazón al mundo, como dice Huidobro en su Arte Poética. Pero tengo el espíritu cautivo y los músculos adoloridos de tanta pena acumulada. Estos días de existencia parecen un castigo perenne. Todo es como al comienzo, como antes de conocerte. No te imaginas, no dimensionas, no entiendes lo que has provocado en mí. Cruel ironía. Te veo y no me ves. Pasas a mi lado y soy un fantasma. Ya no existo para ti. Pero estoy vivo, muy cerca, cuidándote y rogando para que tú al menos estés bien. A nadie le importo. Soy un maricón incapaz, así me ven y así me siento. Me has destruido. Me he desmoronado. Los sueños se han esfumado y ahora sólo quedan las cenizas del animal enfermo. ¡El amor no sirvió de nada!...
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