Acaba de llegar y se sentó al frente. Es el mismo muchacho calvo que hace unos días vi jugando rol en el Portal. Ese de rostro varonil que estaba siendo pareja del más bello del lugar en ese instante. Ahora lo observo mejor... en realidad en varias otras ocasiones nos habíamos topado en esta misma circunstancia. Nunca hemos hablado pero lo conozco, no hemos cruzado ni una sola palabra pero ya ha estado conmigo en situaciones muy comprometidas (literarias por cierto, no vayas a creer otra cosa... aunque no lo descarto. Esto último también es una broma). Pero, ¡no hay caso!, sigo enamorado de ti y no salgo de la nostalgia por eso.
Hoy caminé leyendo una estremecedora historia de amor propuesta por Simonetti en "Vidas Vulnerables" (tu ya sabes que, a parte de ser muy guapo, tiene una pluma que me agrada y me representa). Es un relato sobre un amor virtual, mantenido vía mail con un hombre fascinante llamado Benjamín; habla de la pasión que existió entre ambos, de la distancia vencida por la tecnología, de los encuentros que todos los días mantuvieron desde que se conocieron, de lo mucho que lo extraña luego de su abrupta partida. Benjamín muere... debes leer ese cuento y todos los de Simonetti; debes leer más mi vida, para que también escribas algún día tu versión de los hechos. Lo haces bien, eres talentoso y tienes historias. Lo sé por que conozco tus desahogos por escrito; porque sé que lo haces a escondidas y con todo el poder de las emociones contenidas entre tus fibras y que son desatadas en el papel de esa forma. Sé que escribir te agrada, que cualquier cuaderno o pedazo de papel te sirven cuando las ganas de hacerlo te cautivan. Te ordenas, te limpias, sueñas y construyes escribiendo. También te equivocas, por cierto, con algunos juicios (pero todos lo hacemos cariño, no tengas miedos por eso). Muchas veces me topé con tus divagaciones mentales escritas y - te lo reconosco- siempre fui sorprendido por tu intensidad al hacerlo. Es un buen ejercicio. Tu lo haces siempre, mejor que yo incluso, sigue amor con eso, no pares nunca. Tienes una relación cautivante, extraña, con los lápices, los cuadernos, los cds, las pendrive y la escritura. Eso me gusta mucho de ti... descubrí varios de tus secretos tan sólo hojeando papeles o buceando en tu computador. Sé de tus miedos, penas, enredos mentales, confusión existencial y grandes alegrías, porque los leí de tu puño y letra. Por eso te regalé un diario de vida, por eso también curiosaba entre tus cuadernos... así supe de otros, así supe de mi... aunque nunca pude imaginar que te alejarías de mi de la forma en que ha ocurrido... pero es pasajero. Dime, por favor, que esta vez no me equivoco.
Me gustaría que, al menos, respondieras - de cuando en cuando- mis correos electrónicos. Sé que revisas tu mail porque viste la tarjetita virtual que te envié para el Día del Niño (el sitio desde la cual la envié emite de manera automática un mensaje hasta el mail del autor: "Su tarjeta fue vista"). Gracias por eso. Te decía en esa postal electrónica que no encuentro una sola razón para no estar juntos, aquí te lo reafirmo. Vence el temor, anímate, te invito un café virtual, encontrémonos en la red de redes, en la telearaña, juntémonos en el blog todas las tardes, hagamos el amor por el chat, besémonos en el Google o bien riamos junto en un fotolog secreto. Este es ahora nuestro espacio, en el que - tal como en el relato de Pablo Simonetti- podemos juntar nuestros corazones hechos de letras y ser uno solo. Te invito... escribe. Responde a mi llamado. Vuela con tu escritura y dale sentido a tu existencia.
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